Aunque la ciudad cuenta con recolección diferenciada, cooperativas activas y empresas recicladoras, la separación en origen sigue siendo el gran cuello de botella del sistema. En Salta, apenas uno de cada cien hogares cumple con la separación domiciliaria los días establecidos.
Salta cuenta con un sistema de recolección diferenciada desde hace un tiempo: cooperativas trabajando a diario en el relleno sanitario y empresas que acopian materiales reciclables. Sin embargo, el sistema funciona muy por debajo de su potencial: solo el 1% de los hogares separa residuos en origen, un número que expone una deuda cultural más que técnica.
Desde hace 27 años, la recolección de residuos domiciliarios está tercerizada a la empresa Agrotécnica Fueguina. Pero más recientemente, y por ordenanza municipal, los martes y jueves están destinados a la recolección diferenciada de residuos reciclables, que deberían entregarse limpios, secos y separados. En la práctica, ese circuito todavía no logra consolidarse.
“Tenemos el sistema armado, cooperativas organizadas y empresas que reciben materiales. Lo que falta es la respuesta masiva de la comunidad”, explicó Ramiro Ragno, director general de Educación Ambiental del municipio.
En el relleno sanitario de la ciudad operan tres cooperativas que, en teoría, deberían recibir materiales reciclables solo los días de recolección diferenciada. Sin embargo, la realidad es otra: trabajan los siete días de la semana, las 24 horas, separando residuos mezclados que llegan desde los camiones.
“Cuando una familia separa en su casa, aunque después la bolsa se mezcle en el camión, el peso del material permite identificarla. Para las cooperativas, esa bolsa es recuperable”, explicó Ragno. “Separar en origen nunca es en vano”.
Los principales materiales reciclables —papel, cartón, plástico, vidrio y tetra— siguen llegando en volúmenes muy por debajo de lo que la ciudad genera.
Conciencia en crecimiento, pero insuficiente
Desde el municipio reconocen que en los últimos dos años hubo un leve avance en la conciencia ambiental, impulsado por el trabajo conjunto con cooperativas, fundaciones y empresas privadas. Iniciativas como los reciclatones, los descacharrados y el crecimiento de los eco-puntos ayudaron a visibilizar el circuito del reciclaje.
También se sumaron nuevos flujos, como los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, y convenios con empresas como Econor (papel, cartón y plástico), Metalnor (metales y electrónicos) y Tetra Pak, que financia el traslado del material para su reciclado fuera de la provincia.
Aun así, el diagnóstico es claro: la ciudad recicla y separa mucho menos de lo que podría.
El hábito que no termina de arrancar
“Separar residuos no es difícil ni costoso. Lo básico es tener tres recipientes en casa: reciclables, orgánicos y basura”, señaló Ragno. “El reciclable no genera olor y ocupa poco espacio. El problema no es técnico, es cultural”.
Hoy, mientras otras ciudades argentinas alcanzan tasas de separación del 5 o 6%, Salta sigue estancada en números mínimos. La consecuencia es directa: más residuos enterrados, más presión sobre el relleno sanitario y más costos para el sistema público.
Un cambio que empieza en casa
Desde Educación Ambiental insisten en que no hay solución mágica ni inmediata, pero sí un punto de partida claro: la separación en origen. “Si todos separáramos los martes y jueves, el sistema cambiaría radicalmente. No importa si hoy somos pocos, lo importante es no resignarse”, afirmó Ragno.
El mensaje es simple y directo: el reciclaje en Salta no fracasa por falta de estructura, sino por falta de hábito. Y ese hábito empieza, literalmente, en cada cocina.

